
El por qué de esta entrada responde al impacto que me ha causado un inocente corte en un zapping mañanero. En unas espeluznantes imágenes, ejemplo de la capacidad esclarecedora de la naturaleza, se mostraba parte del proceso reproductor de la musaraña. El inédito hecho que me sorprendió es cómo afronta la musaraña hembra el postcoito; la verdad es que no pude constatarlo debido al reducido tamaño del rostro del animal pero juraría que el pequeño mamífero (hablo de ella) esbozaba una mueca de superioridad natural irrefutable.
Resulta que estos bichos gustan de arrastrar a su compañero sexual por el entorno en el que se encuentran; para ello, se aprovechan del curioso, y mal calculado, funcionamiento del pene del macho. Sumido en el desasosiego propio de ser zarandeado de aquí para allá por una hembra indiferente que se aprovecha de los fallos innatos de su pobre falo, al débil macho no le queda más que soportar los caprichos de la musaraña hasta el dichoso momento en que consiga liberar su aprisionado órgano reproductor. Todo ello es ilustrado con un bonito vídeo en el que podemos observar desde media distancia el proceso, lástima no haber logrado encontrar tal testimonio, perseveraré en mi búsqueda, quizá los hados me sean favorables.
Huelga decir que hay mucho que hablar sobre el postcoito y sus vicisitudes, pero no pretendo ir más allá de compartir este nuevo conocimiento con vosotros, servido por unos pequeños seres ajenos a los tejemanejes sociales. Queda aquí patente que algunas especies hace tiempo que dirimieron su guerra de sexos y ha quedado bien claro quien manda.
Si bien, a nivel global, puede decirse que los humanos estamos en plena campaña, seguro que algunos hay que creen hallarse en el camino hacia lo que, sin pretender el símil exacto, podríamos llamar (bajo una perspectiva fisiológica) "devenir en musaraña".
PD: espero que aquellos (que no aquellas) que estéis deviniendo encontréis la forma de no perder la dignidad, el "musaraño" hace generaciones que no la conoce.
Resulta que estos bichos gustan de arrastrar a su compañero sexual por el entorno en el que se encuentran; para ello, se aprovechan del curioso, y mal calculado, funcionamiento del pene del macho. Sumido en el desasosiego propio de ser zarandeado de aquí para allá por una hembra indiferente que se aprovecha de los fallos innatos de su pobre falo, al débil macho no le queda más que soportar los caprichos de la musaraña hasta el dichoso momento en que consiga liberar su aprisionado órgano reproductor. Todo ello es ilustrado con un bonito vídeo en el que podemos observar desde media distancia el proceso, lástima no haber logrado encontrar tal testimonio, perseveraré en mi búsqueda, quizá los hados me sean favorables.
Huelga decir que hay mucho que hablar sobre el postcoito y sus vicisitudes, pero no pretendo ir más allá de compartir este nuevo conocimiento con vosotros, servido por unos pequeños seres ajenos a los tejemanejes sociales. Queda aquí patente que algunas especies hace tiempo que dirimieron su guerra de sexos y ha quedado bien claro quien manda.
Si bien, a nivel global, puede decirse que los humanos estamos en plena campaña, seguro que algunos hay que creen hallarse en el camino hacia lo que, sin pretender el símil exacto, podríamos llamar (bajo una perspectiva fisiológica) "devenir en musaraña".
PD: espero que aquellos (que no aquellas) que estéis deviniendo encontréis la forma de no perder la dignidad, el "musaraño" hace generaciones que no la conoce.
2 comentarios:
ja ja ja muy bueno, real como la naturaleza misma . Da que pensar que seamos tan naturales: no hay hembra inocente ni macho ingenuo. el planeta es así.
Qué graciosos lo que aquí se dice a propósito de la musaraña! En una ocasión oí a alguien decir que el ser humano, siendo el único ser risible, sólo puede reirse en consecuencia de sí mismo.
La madre de un amigo, enfermera de oficio, narró una vez el caso de una mujer que invitó a su amante a asistir a una velada en su propia casa. El caso es que tras la sobremesa se abandonaron a otro tipo de festejos. Ella le abrió la posibilidad de que la instruyera por la otra vía, por la trasera; y en esto que se allaban suspendidos en el oleaje y en la espuma del ir y venir, el marido de la mujer apareció detrás de la puerta. El tremendo susto agarrotó la mente de la esposa, y su culo se estiró como la piel de un tambor, quedando preso el pájaro intruso del tercero. En esta incómoda situación es como se tuvieron que ver los pecadores a la hora de presentarse a la enfermera, esperando para la intervención. Que pesadilla.
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