viernes, 14 de diciembre de 2007

Amma puna dantis Galia _ La raza de Adán nace en el azar y la nada.


Una oca ocasionó una ocarina. Y no es así por que lo diga yo, sino porque lo dicen las palabras; esas palas que golpean las brasas. Una ética etiquetada a la lumbre de esas brasas daría lugar a una mayor proximidad entre la lengua y la acción justa. Incluso en el campo de las definiciones, una lengua es una lentilla aguada, una lentilla es una lenteja grillada, y una sabana y un olivo pueden expresar la sábana del olvido. Robarle los ravioles al rabino, palpar la pulpa del pulpo, ladrar con fuerza al ladrillo o atar a la rata con rabia hasta matarla son acciones que uno realiza en grupo o por su cuenta para reencontrarse de nuevo con la vida de las palabras; esas larvas labradoras. Parapetándose los polímeros en los senderos del aire A la bruja se le agujereó la brújula Lamió la mía lata mientras latía La lupa palpitante la luz de la luna La medalla la salvó de la caída. ¿Sí o no? ¿O qué?

No hay comentarios: