
“El amor entra por la ventana y el olvido sale por la puerta”.
La noche había caído sobre la ciudad, las calles desiertas susurraban secretos en cada esquina, los borrachos se apoyaban sobre las farolas intentando en un esfuerzo desesperado mantener el último destello de su vida.
No muy lejos de ahí, una ventana abierta, una luz encendida, como en un mundo paralelo, dos amantes se cobijan bajo la manta roja, ignorando al mundo, cegados ante su propia luz.
El calor de sus ojos, el ardor de su sexo.
-¿Me amas?- pregunta el joven.
- Claro cariño.
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La puerta se cerró de un portazo, produciendo un enorme estruendo, que entró por mis oídos pero se coló en mi corazón, que se disparó en un nervioso combate por mantener los latidos regulares.
Ni un último beso, ni un último abrazo y lo que es peor ni una sola mirada en la que evocar tiempos pasados, en los que nuestro amor se desparramaba como desbocados mares y descargaba su pasión en cada rincón que nuestras manos rozaban.
Aún recuerdo tus susurros obsequiándome con palabras de eternidad.
¡Que hermosa te recuerdo vestida de sueños!
Y ahora al despertar no encuentro más que pedazos rotos del pasado escondidos tras las puertas del destino. Soledad me abraza con sus doloras manos y grandes lágrimas se deslizan humedeciendo mi rostro con el calor de la desesperación.
No muy lejos de ahí, una ventana abierta, una luz encendida, como en un mundo paralelo, dos amantes se cobijan bajo la manta roja, ignorando al mundo, cegados ante su propia luz.
El calor de sus ojos, el ardor de su sexo.
-¿Me amas?- pregunta el joven.
- Claro cariño.
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La puerta se cerró de un portazo, produciendo un enorme estruendo, que entró por mis oídos pero se coló en mi corazón, que se disparó en un nervioso combate por mantener los latidos regulares.
Ni un último beso, ni un último abrazo y lo que es peor ni una sola mirada en la que evocar tiempos pasados, en los que nuestro amor se desparramaba como desbocados mares y descargaba su pasión en cada rincón que nuestras manos rozaban.
Aún recuerdo tus susurros obsequiándome con palabras de eternidad.
¡Que hermosa te recuerdo vestida de sueños!
Y ahora al despertar no encuentro más que pedazos rotos del pasado escondidos tras las puertas del destino. Soledad me abraza con sus doloras manos y grandes lágrimas se deslizan humedeciendo mi rostro con el calor de la desesperación.
“La honestidad no es una virtud, es una obligación”.
1 comentario:
un poco de ternura de vez en cuando tampoco viene mal porque creo que es lo que hace funcionar el engranaje. La foto bonita y el lenguaje muy trabajado. OK
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