El segundo caso aspira a encontrar un momento, en el que tenga lugar un forzado encuentro sexual, donde las babas de su amante forjen zarzas de oxido deseosas de arraigar entre sus piernas. Casi podrá anotar una imagen mental del proceso evolutivo que sufrirá su coño al reventar. Opondrá agonía, intentará huir su conejo, prolongando su anhelo de tibia agua de muerte, antes de ser arrollado y apaleado por un mastín sin domesticar, nacido únicamente para fogar sin el preludio si quiera de la higiene.
Será un hecho reiterado que envilecerá aun más el sombrío y agrio carácter de una mujer que nunca podrá entender otras formas que un trato prefabricado de lo más limonero del mundo que se deleita ante su esperpéntica figura.
El primer caso aspira a encontrar una coyuntura que se asemeje al segundo caso. No le importa el maltrato; lo envidia al tratarse éste de una forma de contacto. Su futuro hace largos en la laguna del desconcierto.
No puedes ver a las dos muy juntas pero jamás han sentido tanta compañía. Han pensado ser una. Ver lo mismo, no para fortificarse, ya son rudas. Las han golpeado tanto que es el azufre lo que emana de sus glándulas salivales.
No desean unirse para amar a alguien, tampoco para matar, se trata de un mero salto de rutina. Un acto de hallar contacto con el mundo que tan ajeno ve a estas mujeres monstruo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario